Pasajeros que se hacen preguntas por el manejo vehicular de los transportistas vehiculares

Pasajeros que se hacen preguntas por el manejo vehicular de los transportistas vehiculares

Que el tráfico limeño está al borde del colapso semeja un hecho, al punto que hay quienes sugieren que se establezcan, como en los tiempos del gobierno militar, turnos para que los automóviles circulen. Por si no lo recuerdan, me refiero a la época en que, con la meta de ahorrar comburente, se dispuso que los autos tuviesen uno de 2 colores de calcomanías rojas y azules y con las que solo podían circular, alternadamente, tres veces por semana.
Sin embargo, del parque automotor que crece a un ritmo vertiginoso, pues cada vez se compran más autos nuevos sin descartar los antiguos (que se venden y revenden hasta el infinito), existen algunos incomprensibles hábitos de automovilistas, viandantes y hasta policías limeños que hacen que el tráfico no solo sea intenso y embrollado, sino más bien el auténtico cosmos del absurdo.
Por eso, como me pongo filosófica toda vez que la avenida Washington se transforma en mi hogar, cuando me quedo plantada entre semáforo y semáforo, y como producto de andar observando el comportamiento de la gente al volante de sus vehículos durante muchos años, he hecho una lista de dudas existenciales que se me han ido ocurriendo en el tiempo, y preguntas que uno se hace una y otra vez por el trafico limeño.
¿De qué hablan con el taxista los pasajeros que paran un taxi a mitad de cuadra y se quedan largos minutos obstruyendo el flujo de los demás autos? ¿Le cuentan su vida? ¿Le explican la senda completa? ¿Le mandan saludos a su familia? ¿Tanto tiempo toma decir: cuánto me cobra por ir a tal sitio?
¿Por qué los otros taxistas siempre y en toda circunstancia se ponen en fila tras el taxista que fue convocado primero, aguardando que este rechace la carrera para ver si les liga el cliente, como si fuera un casting en medio del tráfico? ¿No se dan cuenta que, además de un acto de deslealtad, los forzará a bajar más su tarifa? ¿Y por qué luego se quejan de que les robe la clientela?
De ahí que ocurre los accidentes vehiculares por no respetar las señales de tránsito, al final las preguntas prosiguen pues tanto se demora y porque ocurren los hurtos habitualmente.
¿Qué demonio o bien malvada entidad se mete en el cuerpo de ese automovilista que avanza justo al medio del cruce entre 2 calles y se planta, sin poder pasar ni dejar pasar a los que vienen por la otra vía, cuando ya sabe que no hay espacio para un auto más en la siguiente cuadra? ¿Es tan trágico esperar al siguiente semáforo?
Ya que los conductores no respetan las señales de tránsito, saber de dónde y de qué manera consiguieron su licencia de conducir a fin de que manejar de esa manera.
¿Exactamente en qué cuernos piensa el tipo que toca el claxon desesperadamente cuando el auto de adelante está yendo a la velocidad normativa? ¿Y el que lo toca en medio del tráfico, sabiendo que delante de ti hay mil vehículos aguardará que al de adelante le salgan hélices y vuele?
Hay conductores que se desesperan por venir a su destino sin percatarse el peligro que cometen conducir. ¿Y ese que toca claxon por quítame estas pajas no sabe que ese ruido horrible no va a apurar al de adelante (especialmente si lleva las lunas cerradas), sino molesta a todos y cada uno de los que están alrededor, incluyendo a personas enfermas o bien a bebés dormidos? ¿Le agradaría dormir con ese ruido en la oreja? ¿Y el psicópata que le toca el claxon en el oído a la viejecita que se metió en la pista por error no sabe que el peatón es la prioridad en cualquier sistema de tráfico del mundo?
¿Qué gana el tipo del carril derecho que, cuando ve que haces luces para voltear (a la derecha) desde el carril del centro, acelera como loco para eludir que lo hagas? ¿Le afecta en algo proseguir a
La velocidad que iba? ¿Por qué el automovilista limeño se niega tajantemente a dar el pase a quien sea?
Por llegar efectúan maniobras que peligran al habitante por venir rápido o ganar más habitantes para trasportar.
¿Y ese de la 4 por cuatro gigantesca se va a dar cuenta de lo ridículo que es tener una camioneta hecha para terrenos accidentados en plena, avenida Largo? ¿Cuándo esos vehículos antieconómicos y antiecológicos se transformaron en el símbolo de estatus favorito de los nuevos ricos?
¿Y por qué razón el policía que para al conductor de micro que ha cometido una falta se lo lleva a dialogar a un costadito, a unos metros del vehículo? ¿Qué tiene que decirle que los pasajeros no pueden escuchar? ¿Por qué prácticamente jamás le pone una papeleta?
¿El chaval que cuida autos y me guía sin que se lo solicite piensa verdaderamente que soy inútil de salir de un estacionamiento por mi propia cuenta? ¿De cuándo acá los cuidadores de autos son semi propietarios de los estacionamientos callejeros y se creen con derecho a cobrarte, bajo el pretexto de que van a “cuidar” tu auto?
¿Y por qué siempre y en todo momento hay un agente de la ley cuando te robas media cuadra a la una de la mañana de un domingo en una calle secundaria, pero no hay uno ni para remedio a las 6 de la tarde en el cruce de Jorge Chávez-Salaverry-Guzmán Blanco-Washington-28 de julio, que es cuando se arman unos atracones de madre y señora mía?
En resumen, las preguntas son infinitas, pero lo único que queda claro es que el terrible problema del tráfico limeño no acabará con más bypasses, pistas más anchas ni con turnos de algún tipo, sino más bien cuando nos demos cuenta de que la esencia del reglamento de tránsito, más allá de los que demandan para sacar el brevete, es el respeto al tiempo del otro (que es tan valioso como el de uno) y el trato considerado a los demás. Es decir, la regla más vieja del mundo: no hagas a otro lo que no quieras que te hagan a ti.

Pasajeros que se hacen preguntas por el manejo vehicular de los transportistas vehiculares.